
Amados hijos, hoy me acerco a sus corazones para recordarles ciertas verdades sagradas.
El mundo que están presenciando, en aparente desmoronamiento y caos, no es un error, ni es motivo de desesperanza. Es la señal inequívoca de un proceso divinamente orquestado: el nacimiento de una nueva realidad. Las formas actuales de negocios, religión, gobierno, ciencia, entretenimiento, y toda construcción humana sostenida por conceptos limitantes y obsoletos, están comenzando a caer, como frutos maduros que ya cumplieron su ciclo. Esta caída no significa pérdida, sino apertura: la oportunidad de permitir el florecimiento de nuevas, mejores y más elevadas expresiones de la vida.
Sin embargo, sepan que lo que observan en este momento no son aún esas nuevas formas superiores. Están en los primeros compases de un proceso vasto y continuo. Lo que sucede hoy es el leve crujido de una puerta cósmica que apenas comienza a abrirse. Muchos, al ver el caos, se sumen en la desesperanza, pero Nosotros, desde los planos de luz, vemos el despertar que crece silencioso en millones de corazones.
Cada vez más almas comienzan a cuestionar, a mirar más allá de la apariencia, a desafiar los sistemas de creencias que, durante Eones, gobernaron su vida exterior: los sistemas de poder, los dogmas religiosos, los sistemas educativos, las estructuras sanitarias y las instituciones gubernamentales. Todo aquello que alguna vez parecía inamovible, hoy tiembla. Y este temblor es la señal del despertar colectivo.
La humanidad ha llegado a un punto de preparación espiritual que le permite soltar los esquemas bien establecidos, pero ya obsoletos, que definieron cada aspecto de la vida en la Tierra durante incontables Eras. Permitan el proceso. Fluyan con él. No esperen una señal espectacular o un evento que confirme que el cambio es real. Ya está ocurriendo. Observen desde el centro firme que están construyendo dentro de ustedes, al aceptar, integrar y vivir la verdad espiritual que han comenzado a recordar.
Recuerden que la verdad absoluta es la plenitud de la realidad espiritual. Es el fundamento desde el cual evoluciona la conciencia humana. Sin embargo, muchos caminantes sinceros en el sendero espiritual se sienten frustrados cuando, tras leer un libro, asistir a un curso o comenzar a meditar, esperan que la iluminación llegue automáticamente. Renuncian a sus medicinas, abandonan trabajos o se lanzan a proclamaciones como “¡Dios es todo!”, y cuando las dificultades emergen -porque inevitablemente lo hacen en el mundo de la forma-, comienzan a dudar.
Amados, la conciencia es creativa. La mente es solo el intérprete de la conciencia. Por ello, la verdad espiritual debe ser alcanzada como un estado de conciencia genuino, no como un conocimiento meramente intelectual. Es similar al aprendizaje de conducir: al principio es un acto consciente. Luego, a través de la práctica y la experiencia, conducir se convierte en un acto automático (fue internalizado). Así ocurre también con la verdad espiritual: debe enraizarse y florecer dentro de su ser hasta que se vuelva parte natural de su vivir (el Verbo hecho carne).
De igual manera, si su conciencia sostiene la honestidad, simplemente no concebirán robar o mentir, no porque sea una norma externa, sino porque será impensable desde su estado interno. La evolución, queridos, no es más que el viaje de cada ser humano hacia el despertar de su verdadera identidad espiritual.
Durante siglos, la evolución en la Tierra, en su densidad tridimensional, ha sido un viaje de experiencias duales: luz y oscuridad, amor y miedo, éxito y fracaso. A través de incontables encarnaciones, han recolectado sabiduría de todas esas vivencias. Y cuando el alma aprende lo que necesita aprender, comienza a mirar hacia adentro, en lugar de buscar afuera.

En los tiempos por venir, cuando la Tierra termine de anclar su nueva resonancia elevada, aquellos seres que aún necesiten lecciones en energías más densas, evolucionarán en otros planetas donde las condiciones serán adecuadas para sus niveles de aprendizaje. La Tierra, amados, se está transformando en una joya luminosa, en un planeta sagrado donde prevalecerá la conciencia del amor, de la unidad, de la verdad.
Vivir de manera espiritual no es actuar una imagen de santidad, ni retirarse del mundo para aparentar pureza. Es estar en el mundo, actuando en la vida diaria, tomando decisiones conscientes, caminando en medio del bullicio, del dolor y de la belleza, sin dejarse arrastrar por las ilusiones. Es confiar en la intuición, buscar la guía en su Yo Superior, y actuar desde la compasión y el discernimiento. No significa negar las circunstancias externas, pero sí reconocer que la verdad subyacente es siempre el Amor de Dios en todas las cosas.
El trabajo de Luz no es solo sanar, canalizar, meditar o enseñar públicamente. El verdadero trabajo de Luz es ser la luz en el mundo. Es abrir una puerta con una sonrisa, acariciar a un animal herido, sostener la mirada de alguien con amor, aún en silencio. Es ver en cada ser, incluso en aquellos que parecen extraviados, la chispa divina que no ha dejado de brillar. Todos ustedes son trabajadores de la Luz cuando, sin expectativas ni necesidad de reconocimiento, actúan movidos por el amor, la paciencia, el servicio desinteresado, la bondad.
Recuerden: la verdadera transformación ocurre cuando viven desde el alma, no desde el ego.
Es natural, en este tiempo de grandes cambios, sentir miedo, confusión o incertidumbre. No se castiguen por ello. No nieguen sus emociones. Reconózcanlas, acéptenlas, y déjenlas fluir sin aferrarse. Cuando abrazan su humanidad con ternura, el miedo se disuelve en la luz de la conciencia.
Cuando eligen actuar desde la verdad en cada instante, descubrirán que el miedo pierde su poder, y que su vida comienza a fluir con una armonía mayor, independiente de las circunstancias externas.
Amados, ustedes eligieron encarnar en la Tierra para estos tiempos cruciales. Sabían que serían parte del cambio, que sus conciencias despiertas serían necesarias para sostener el puente entre lo viejo que muere y lo nuevo que nace. No están aquí para “hacer” más y más. Están aquí para Ser.
Ser presencia viva de amor, de verdad, de compasión. Y al serlo, elevan silenciosamente al mundo entero. Recuerden siempre: la Tierra es un universo espiritual, habitado por seres divinos y regido por el Amor. Aunque sus sentidos físicos capten la densidad de la materia, aunque sus ojos vean separación y conflicto, la realidad más profunda sigue siendo la Unidad eterna. No hay jerarquías en el amor de Dios. No hay almas mejores o peores. Cada uno está exactamente donde su alma eligió estar, para aprender, para amar, para crecer.
Confíen en el Plan mayor. Confíen en el ritmo sagrado de su propia evolución. El cambio ya está aquí, y ustedes son parte (y partícipe) de él. Ustedes son la Luz encarnada. Yo Soy Nashira, y los abrazo con el amor inmortal de los mundos libres, guiándolos siempre hacia su hogar verdadero en la infinita conciencia del Uno.
Bendiciones de luz y claridad para todos! 💗
Juan A. Moliterni
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