
El Mito de lo Dado
Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha buscado una verdad última, una base firme sobre la cual construir el significado de la existencia. Sin embargo, esta búsqueda ha estado constantemente atrapada en lo que algunos filósofos han llamado “el mito de lo dado”: la creencia de que existe una realidad objetiva, independiente de la percepción y la interpretación humanas. Este mito, arraigado en la mente colectiva, sugiere que el mundo nos es dado tal cual es, y que nuestra tarea es simplemente descubrirlo, como si fuéramos exploradores de un territorio preexistente e inmutable.
El término “mito de lo dado” fue acuñado por el filósofo Wilfrid Sellars para cuestionar la idea de que podemos tener un acceso puro y directo a la realidad sin la mediación de conceptos, estructuras lingüísticas y marcos culturales. Nuestra percepción está siempre filtrada por un sistema de interpretación, condicionado por la historia, la biología y el lenguaje. Lo que llamamos “realidad” no es un dato inmediato, sino una construcción que emerge de la interacción entre el observador y lo observado.
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La Trampa de “La Única Verdad es la Realidad”
Esta comprensión filosófica desmonta afirmaciones como “la única verdad es la realidad”, una frase que resuena con fuerza en el pensamiento común y que, a primera vista, parece incuestionable. Sin embargo, esta afirmación es problemática porque parte del supuesto de que la realidad es algo dado, inmutable y evidente por sí mismo. Pero, ¿qué es “la realidad”? ¿Es la materia visible y medible? ¿Es la experiencia subjetiva? ¿Es la suma de todas las percepciones o una abstracción que trasciende a quienes la experimentan?
Si aceptamos que la realidad es solo aquello que percibimos sin cuestionamiento, caemos en un reduccionismo que ignora la complejidad del conocimiento. En un mundo donde la física cuántica nos muestra que la observación modifica lo observado, donde la neurociencia nos revela que el cerebro fabrica la experiencia a partir de impulsos eléctricos, y donde la filosofía nos advierte que todo conocimiento es interpretado dentro de un contexto cultural, la frase “la única verdad es la realidad” se vuelve un eco vacío. ¿Qué realidad? ¿Desde qué punto de vista?
Aquí es donde el mito de lo dado revela su artificio: no hay una única realidad accesible en estado puro. Hay múltiples versiones, capas de interpretación, construcciones colectivas que le dan forma a lo que llamamos mundo. La realidad no es una verdad monolítica, sino un entramado en el que participamos activamente con nuestra percepción y nuestra conciencia.
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El Vínculo de la Sangre: Determinismo versus Libertad
Un fenómeno similar ocurre con expresiones como “la sangre tira”, que apelan a una supuesta verdad innata e indiscutible: la de los lazos familiares como algo dado, inevitable, que nos define sin margen de elección. Se nos dice que la biología establece un destino, que la familia de origen es un ancla inquebrantable y que los vínculos de sangre contienen un poder superior a cualquier construcción cultural o individual.
Pero, ¿es esto realmente así? Si analizamos esta afirmación bajo la luz del mito de lo dado, descubrimos que se trata de otra construcción social disfrazada de verdad absoluta.
La conexión con nuestros ancestros, la sensación de pertenencia a una familia, el supuesto mandato de preservar ciertos lazos, no son más que una narrativa construida culturalmente.
Aunque la genética pueda influir en aspectos de nuestra identidad, la conciencia humana va mucho más allá del determinismo biológico. Nuestra verdadera conexión no está en la sangre, sino en la resonancia del ser. Hay familias de nacimiento y familias del alma, relaciones que se eligen más allá de la biología, y afectos que se construyen más allá del ADN.
Si “la sangre tira” fuese una verdad inamovible, no habría distanciamientos familiares, ni vínculos adoptivos que trascienden cualquier herencia genética. Pero la realidad es que el ser humano es libre de redefinir su sentido de pertenencia, de encontrar su propio camino fuera de las imposiciones del linaje, y de construir relaciones basadas en la afinidad del espíritu más que en los lazos de nacimiento.
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La Realidad como Creación Consciente
Reconocer el mito de lo dado es un acto de emancipación filosófica. Nos libera de la ilusión de que el mundo es algo que simplemente recibimos, permitiéndonos verlo como algo que co-creamos. La realidad no es una estructura rígida a la que debamos someternos; es un tejido vivo en el que nuestras percepciones, pensamientos y acciones juegan un papel fundamental.
Lo mismo ocurre con nuestras relaciones, nuestras creencias y nuestras percepciones del destino. Ni la “realidad” es una verdad objetiva e inalterable, ni “la sangre tira” es un mandato inevitable. El ser humano es un arquitecto de su propia existencia, capaz de trascender los condicionamientos heredados y participar activamente en la creación de su mundo.
En este sentido, más que aferrarnos a verdades preestablecidas, deberíamos preguntarnos: ¿qué realidad estamos eligiendo sostener? ¿Qué narrativas estamos perpetuando? ¿Y hasta qué punto podemos abrirnos a una nueva forma de experimentar la existencia sin las cadenas de lo “dado”?
¡Elevemos nuestras vibraciones juntos y Ascendamos a nuevas alturas! 💓🌍✨
Juan A. Moliterni
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Hoy he recibido un gran golpe de corriente energética que siento que mi Consciencia ha echo un recorrido del silabario hasta la lectura de todos los documentos que he leído en el grupo de la Escuela Claridad. Agradezco a la Vida el camino que estoy recorriendo y estaré con mis 5 sentidos muy despiertos voluntariamente para no quedarme estancada en charcos que puedo atravesar con buena disposición, y también arriesgarme a cruzar ríos… ¡Maestro, estaré más atenta de ahora en adelante! .
Gracias
Sonia
Bendiciones Multiplicadas Sonia!!