humano omega cabecera

El Humano Omega: Arquetipo de una Evolución Espiritual

La transición de un humano con base de carbono a un humano con base de sílice es un hecho metafísico que aborda la Ciencia Iniciática, y que está relacionado con la transformación profunda del ser humano hacia un nuevo nivel de existencia. En su esencia, representa el paso de un estado de conciencia denso y material a un estado más sutil, luminoso y multidimensional, donde la vida ya no está limitada por las densidades de la tercera dimensión, sino que se abre hacia una mayor expansión energética y vibracional.

El carbono, como base de la vida biológica en la Tierra, simboliza la construcción de formas en la materia densa. Es el elemento primordial que estructura todas las moléculas orgánicas, y que permite la existencia de nuestro cuerpo físico tal como lo conocemos. El carbono representa el estado de conciencia lineal, limitado por la percepción de la separación, el tiempo y el espacio. En términos arquetípicos, está asociado con las dimensiones más bajas de existencia, donde la energía está atrapada en patrones repetitivos de pensamiento y comportamiento.

En contraste, el sílice o silicio es un elemento cristalino (Crístico) que actúa como un amplificador de información y energía. En el ámbito tecnológico, se utiliza en la fabricación de microchips y computadoras, precisamente por su capacidad de almacenar, transmitir y procesar grandes cantidades de información. Este paralelismo se traduce a un nivel espiritual: el humano con base de sílice simboliza un ser que ha elevado su frecuencia y que es capaz de conectar con realidades sutiles y dimensiones superiores. En este arquetipo, la biología deja de ser una limitación para convertirse en un vehículo de expansión de la conciencia.

La Evolución Espiritual y la Integración Cristalina

A medida que un ser humano despierta a su naturaleza multidimensional, comienza a integrar la energía cristalina del sílice en su campo energético. Esta integración permite que el cuerpo se vuelva más receptivo a la luz, a la información cósmica y a la intuición. Y por lo tanto su campo áurico se expande hasta 9 metros.

El sílice simboliza la capacidad de resonancia con las dimensiones superiores, y un humano con base de sílice es un arquetipo de un ser que ha trascendido las limitaciones del pensamiento dualista, que ya no está atrapado en las percepciones lineales de la realidad y que comienza a operar desde un estado de coherencia cuántica. El silicio, en su forma cristalina, actúa como un puente entre el cuerpo y el alma, facilitando la expansión de la conciencia hacia un estado donde la intuición, la telepatía y la percepción extrasensorial son tan naturales como el pensamiento racional en el humano de base carbono.

La Identidad del Viejo Paradigma

El humano con base de carbono está ligado a la identidad condicionada por las dimensiones más bajas de la existencia. Vive en un estado donde la materia es percibida como algo sólido e inmutable, donde la dualidad gobierna cada aspecto de su vida. La percepción de la realidad se rige por las leyes del tiempo lineal, del causalismo y del espacio limitado. Este humano se identifica con su entorno, con sus pensamientos y con sus emociones, repitiendo patrones de comportamiento basados en el miedo y la supervivencia. En términos filosóficos, este estado de ser es como un fractal que se pliega sobre sí mismo, incapaz de ver más allá de su propia configuración limitada.

Desde esta perspectiva, el carbono simboliza el velo de la separación que impide al ser humano ver la unidad esencial de toda la vida. El carbono sostiene las formas densas y crea una sensación de solidificación que hace que el cambio parezca difícil y doloroso. El desafío de este arquetipo es liberarse de las ataduras del ego y de las identificaciones mentales, para que la conciencia pueda evolucionar hacia un estado cristalino.

El Despertar de la Naturaleza Cristalina

El humano de base sílice, por otro lado, es un arquetipo de expansión y transparencia. Filosóficamente, representa al ser que ha integrado las energías superiores, despertando a su verdadero potencial. Este humano ya no se identifica con las formas temporales, sino con la esencia inmutable de su ser. La transición hacia el sílice simboliza un ser que ha logrado transformar su cuerpo y su mente en conductos de energía cristalina, facilitando una mayor conexión con la Fuente y la capacidad de crear conscientemente su realidad.

El humano de base sílice ha trascendido la percepción de la separación, y en lugar de verse a sí mismo como un individuo aislado, se experimenta como un punto de luz en la red holográfica del universo. Desde este estado de conciencia, las leyes de la tercera dimensión ya no aplican de la misma manera. El tiempo se vuelve fluido, el espacio se expande y la sincronía se convierte en la nueva norma. La mente no opera desde el pensamiento racional, sino desde la intuición y la coherencia del corazón.

El Cuerpo de Luz

Integrar el arquetipo del humano con base de sílice es, en última instancia, el proceso de activar el Cuerpo de Luz o Merkabah, un campo energético luminoso que rodea el cuerpo físico y que facilita la conexión con las dimensiones superiores. Este cuerpo de luz es multidimensional, y su activación permite al ser humano acceder a las realidades cuánticas donde el tiempo y el espacio se colapsan en el eterno presente.

Cuando un ser humano comienza a vibrar en la frecuencia del sílice, su cuerpo físico y energético se vuelven capaces de almacenar y transmitir luz de manera más eficiente. La memoria celular se limpia de patrones antiguos y el ADN comienza a resonar con frecuencias más altas, despertando capacidades latentes como la telepatía, la auto-sanación y la capacidad de manifestar desde el campo cuántico.

El tránsito del humano de base carbono al humano de base sílice es el tránsito del Humano Alfa al Humano Omega. Es la próxima evolución espiritual de la humanidad hacia un estado de conciencia expandida y frecuencia elevada. Es un cambio que nos invita a desprendernos de las limitaciones de la materia densa (3D y 4D) para abrazar un estado de ser luminoso y cristalino (5D), donde la unidad y la coherencia prevalecen.

Este viaje no se trata de abandonar el cuerpo físico, sino de refinarlo y transformarlo (aceptando el nuevo cableado) en un vehículo de luz capaz de resonar con las frecuencias del espíritu, permitiéndonos, como humanidad, manifestar una realidad de mayor belleza, verdad y bondad.

“Desde el Avatar de síntesis que está aquí

Que descienda Su energía a todos los Reinos

Y eleve a la Tierra hasta los Reyes de la Belleza”

¡Elevemos nuestras vibraciones juntos y Ascendamos a nuevas alturas! 💓🌍✨

Juan A. Moliterni

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Carmela

    ¿De que fuente proviene el elemento Silice o Silicio ? ¿ Como lo absorbe el cuerpo aun humano ? ¿ Si es un elemento ¿ Que alimentos lo contienen para que ingrese al cuerpo humano ? Esto ,me hace pensar mucho en como se robotiza un humano porque si es un ELEMENTO ingresa al cuerpo no al Alma o al Espiritu

    1. Juan Moliterni

      Hola Carmela! con gusto te informo… se trata de una manera de explicar la evolución espiritual del ser humano, evolución que está relacionada con su sistema energético, no con la absorción de un elemento físico. En la ciencia iniciática el silicio no se relaciona con el elemento físico o químico, sino a un «arquetipo espiritual», con un «cristal espiritual» y energético que simboliza un cambio de «conciencia y vibración». Se relaciona con una «transformación energética» y un estado de mayor «frecuencia vibratoria», «frecuencia cristal», Crística. Estamos «evolucionando» hacia una forma de ser más cristalina y luminosa, más «conectada con la energía sutil» y menos influenciada por las limitaciones densas del cuerpo físico y la mente. Y claro hay un trabajo de Cámara (educativo y práctico) para facilitar la construcción del cuerpo de luz cristal. Bendiciones Multiplicadas!

Deja una respuesta