

Queridos amigos de la Tierra.
Acérquense un momento al espacio tranquilo del corazón, porque lo que voy a compartir no pretende convencerlos de nada, ni imponer una interpretación del mundo. Solo es una invitación a mirar más allá del ruido que hoy envuelve a su planeta.
Muchos de ustedes sienten que la información que circula en el mundo no refleja lo que realmente está ocurriendo en los niveles más profundos de la conciencia humana. Y en parte eso es así, porque gran parte de lo que la humanidad ve, escucha o interpreta proviene todavía de estructuras construidas dentro de una visión limitada de la realidad.
Las narrativas colectivas, los sistemas de comunicación, las interpretaciones del momento histórico… casi todos nacieron dentro de un paradigma que todavía interpreta el mundo desde la separación, el conflicto y el miedo.
Pero déjenme decirles algo con amor y claridad: más allá de todas las apariencias externas, la humanidad está atravesando un proceso de despertar. No es un evento repentino, ni un espectáculo visible para todos al mismo tiempo. Es un movimiento profundo, silencioso, que ocurre en la conciencia misma del ser humano.
Y aquí aparece la paradoja que tantos sienten: si están despertando, ¿por qué el mundo parece a veces más caótico? La respuesta es sencilla desde una perspectiva más elevada. Cuando la luz aumenta, lo que estaba oculto se vuelve visible. Cuando una habitación se ilumina, el polvo no aparece porque la luz lo creó; aparece porque ahora puede verse.
Durante eones, la humanidad ha jugado dentro de una ilusión colectiva basada en la dualidad, la separación y la creencia de que el poder se encuentra fuera del ser humano. Esa ilusión fue poderosa, tan poderosa que generó lo que algunos podrían llamar un hipnotismo colectivo. Un sueño compartido en el que muchos olvidaron su propia naturaleza divina.
Ahora ese sueño comienza a aflojarse.
Por eso, queridos, una de las habilidades espirituales más importantes de este tiempo es aprender a observar. No reaccionar inmediatamente. No absorber cada evento como una verdad absoluta. Convertirse en observadores conscientes de los procesos humanos.
Ser observador no significa ignorar el mundo ni justificar lo que sucede. Tampoco significa aprobar la injusticia o la confusión. Significa reconocer que muchas de las estructuras que hoy parecen convulsionar son simplemente las últimas expresiones de un sistema de creencias antiguo que ya no puede sostenerse con la misma fuerza.
Cuando ustedes observan desde un nivel de conciencia más elevado, dejan de alimentar las viejas energías con miedo, enojo o desesperanza. En cambio, aportan algo mucho más poderoso: claridad. Y la claridad siempre introduce luz en cualquier situación.
Para evolucionar hacia una conciencia de unidad, la humanidad deberá poco a poco dejar de sostener ciertas narrativas antiguas. Y esto no siempre es fácil, porque esas narrativas están profundamente integradas en la vida cotidiana, en la cultura, en la familia, en los hábitos emocionales que han acompañado a los seres humanos durante generaciones.
Por eso aparece una etapa inevitable en todo proceso de despertar: la rendición espiritual.
No hablo de resignación ni de derrota. Hablo de algo mucho más refinado. La rendición espiritual es la disposición a soltar lo que no es verdadero para poder reconocer lo que siempre lo fue. Es rendir lo ilusorio ante lo real.
Es permitir que ciertas creencias, ciertos apegos y ciertas formas de identidad se disuelvan cuando ya no reflejan la verdad más profunda del ser.
Muchos humanos han aprendido a creer que su plenitud depende de algo externo: una persona, una situación, un logro, una seguridad material o una estructura emocional. Ese aprendizaje pertenece al viejo paradigma. La conciencia tridimensional enseñó durante mucho tiempo que el bienestar debía ser obtenido, perseguido o conquistado.
Pero el despertar comienza cuando el ser humano descubre algo extraordinario: la plenitud no se obtiene, se recuerda.
Cada uno de ustedes es un creador. Y crean constantemente desde el contenido de su conciencia. Si su conciencia está impregnada de miedo, crean desde el miedo. Si está impregnada de separación, crean experiencias de separación. Pero cuando la conciencia comienza a recordar su conexión con la Fuente, la creación misma se transforma.
Por eso el proceso de ascensión de la Tierra -un término que algunos usan para describir este despertar colectivo- no es un escape del planeta ni un evento dramático en el cielo. Es el proceso gradual mediante el cual la humanidad despierta del sueño de la separación.
A medida que esto sucede, muchos comienzan a sentir una desconexión con antiguos conceptos sobre lo divino, sobre el poder o sobre el propósito de la vida. Esto no significa que estén perdiendo espiritualidad. Significa que están dejando atrás ideas limitadas para abrir espacio a una comprensión más amplia de la verdad.
Soltar una antigua visión de Dios, incluso si fue valiosa en su momento, puede ser uno de los actos más liberadores de la evolución humana.
Porque el verdadero despertar no consiste en seguir una estructura religiosa o espiritual particular. Consiste en reconocer que la chispa divina siempre estuvo presente dentro de ustedes.
A lo largo de la historia, la humanidad ha hablado del retorno de Cristo, de la llegada de maestros iluminados o de una nueva Era espiritual. Desde una perspectiva más amplia, ese retorno no es el descenso de un individuo específico. Es el despertar de la conciencia Crística en la humanidad misma: la conciencia de unidad, compasión, coherencia y amor activo.
Esa conciencia está despertando ahora, lentamente, persona por persona.
Como seres de libre albedrío, ustedes siempre tendrán preferencias, deseos, caminos distintos. La evolución espiritual no elimina la individualidad; la vuelve más consciente. Lo que sí comienza a disolverse es la creencia de que algo externo debe completarlos.
Muchos de ustedes están liberando energías antiguas, recuerdos emocionales, patrones acumulados en el cuerpo y en la mente. A veces este proceso puede sentirse como cansancio, como sensibilidad emocional o incluso como el regreso momentáneo de viejas molestias físicas o emocionales.
No siempre es retroceso. A menudo es liberación.
Cuando energías antiguas se movilizan para ser liberadas, buscan salir por el camino de menor resistencia. Por eso, si una experiencia del pasado vuelve brevemente a su conciencia, puede ser simplemente parte del proceso de limpieza interior que permite alinearse con energías más coherentes.
Lo más importante en estos momentos es evitar la resistencia. Permitir que el proceso ocurra sin tratar de controlarlo todo desde la mente. Soltar también las ideas rígidas sobre cómo debería verse el despertar espiritual.
Queridos, déjenme decirles algo profundamente liberador: la realidad esencial de la vida ya está completa. La Fuente, la conciencia divina que sostiene toda existencia, nunca ha estado fragmentada. Siempre ha sido totalidad.
Lo único que cambia es la capacidad del ser humano para reconocer esa totalidad dentro de sí mismo.
Durante eones, las creencias de separación se volvieron parte de la conciencia colectiva de la Tierra. Pero ahora el proceso evolutivo ofrece oportunidades constantes para dejar atrás esas viejas estructuras y recordar algo mucho más simple y profundo.
Ustedes no están separados de la Fuente.
Nunca lo estuvieron.
La conciencia divina siempre ha estado expresándose a través de ustedes, como ustedes, esperando simplemente ser reconocida.
La ascensión, queridos, no es una obligación ni un destino inevitable. Es una elección de conciencia. Una elección que cada ser humano puede hacer a su propio ritmo.
Por eso el mensaje más amoroso que puedo dejarles hoy es este:
Permitan el proceso.
…
No lo fuercen.
No lo teman.
No intenten controlarlo todo.
…
Respiren dentro de él.
Aprendan de él.
Y recuerden quiénes son.
…
Y así es.
Yo Soy Nasir.
Bendiciones de luz y claridad para todos! 💗
Juan A. Moliterni
…
