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Estamos viviendo un tiempo de cambio profundo. Los antiguos sistemas se están tensando, y muchos de los acuerdos que han organizado nuestras vidas ya no funcionan como alguna vez lo hicieron. Al mismo tiempo, algo nuevo comienza a emerger.

2030 señala el comienzo de una transición evolutiva. Nos estamos acercando al final de un Ciclo Global, en el último tramo de la Era de Piscis. A medida que este ciclo concluye, atravesamos el umbral hacia otro que acompañará a la humanidad durante aproximadamente los próximos 400 años, dentro de un proceso mucho mayor vinculado con la precesión de los equinoccios.

La astrología se mueve en espirales dentro de espirales. Experimentamos ciclos personales a medida que crecemos y nos transformamos. Las generaciones también atraviesan ciclos compartidos, mientras que otros, mucho más amplios, moldean el trasfondo de nuestra experiencia colectiva y configuran el gran argumento de la historia humana. Cada uno de ellos describe algunos de los temas fundamentales que la humanidad explora durante una determinada Era.

Sin embargo, la humanidad no sale de un ciclo para despertar repentinamente en un mundo completamente distinto. Entre una Era y otra existe una transición, y esa transición ya ha comenzado.

Una Era comienza a desvanecerse mientras otra empieza a revelarse, y varias generaciones pueden habitar simultáneamente ese territorio intermedio. Por eso podemos contemplar todavía los restos de una antigua historia mientras comenzamos a experimentar con aquello que viene después.

La evolución se despliega a través del tiempo. Empezamos a sentir el final de nuestro Ciclo Global actual mucho antes de 2030. Del mismo modo, la humanidad necesitará tiempo para descubrir, explorar y encarnar las posibilidades del próximo ciclo. Desde esta perspectiva, 2030 no representa un punto aislado en el calendario, sino un umbral dentro de un pasaje mucho más extenso hacia la Era de Acuario.

Los seres humanos necesitamos tiempo para cambiar. Cuestionamos los patrones heredados, ponemos a prueba nuevas posibilidades y ensayamos formas diferentes de vivir hasta que, poco a poco, comienzan a adquirir consistencia.

Los grandes temas relacionados con los acuerdos, la pertenencia y las formas en que nos cuidamos unos a otros también están cambiando.

A lo largo de la historia hemos negociado la manera de vivir juntos. Hemos decidido qué estamos dispuestos a aportar y qué podemos esperar a cambio. Hemos establecido acuerdos acerca de los recursos, la responsabilidad, el cuidado y la convivencia.

Esos acuerdos permitieron que familias, comunidades y sociedades pudieran sostenerse. A través de ellos aprendimos acerca de la reciprocidad, la suficiencia y las condiciones necesarias para que una relación pueda perdurar.

Los acuerdos saludables pueden construir confianza porque quienes participan en ellos comprenden qué están ofreciendo, qué reciben y cuáles son las responsabilidades compartidas.

Pero cuando los acuerdos se vuelven inequitativos, el conflicto puede crecer. Cuando dejan de ser respetados, las comunidades pueden perder su sentido de estabilidad. Y, con el tiempo, esos acuerdos se convierten también en parte de aquello que una generación transmite a la siguiente.

Las familias transmiten sus acuerdos. Las culturas los refuerzan. Las instituciones, muchas veces, se construyen alrededor de ellos. Finalmente, podemos terminar heredando reglas acerca de cómo se supone que funciona la vida sin siquiera advertir que esas reglas fueron creadas por personas que vivieron mucho antes que nosotros.

Heredamos ideas acerca del dinero y del trabajo. Heredamos creencias acerca de la familia, el poder y la pertenencia. Aprendemos qué considera nuestra cultura como una vida exitosa y qué reconoce como valioso.

También aprendemos qué creemos que debemos hacer para merecer amor. Aprendemos qué nos proporciona seguridad y qué amenaza nuestro sentido de pertenencia.

Y junto con todo ello heredamos heridas que pueden moldear la manera en que nos percibimos a nosotros mismos y la forma en que nos relacionamos con los demás.

Durante las últimas décadas hemos llevado muchas de esas heridas hacia una mayor conciencia. Hemos cuestionado lo que nuestras familias nos enseñaron y desafiado suposiciones que alguna vez parecieron incuestionables. Hemos comenzado a preguntarnos qué partes de nuestra herencia todavía nos sirven y cuáles estamos preparados para dejar atrás.

Ahora enfrentamos otro desafío.

Estamos aprendiendo a convertirnos más plenamente en nosotros mismos mientras permanecemos conectados con los demás. Estamos descubriendo cómo honrar nuestra identidad individual sin perder de vista nuestra humanidad compartida.

También estamos aprendiendo a crear comunidades capaces de sostener al conjunto sin disminuir al individuo. Buscamos estructuras que permitan a las personas pertenecer sin renunciar al derecho de ser ellas mismas. Aspiramos a crear un mundo en el que el florecimiento individual pueda fortalecer al colectivo en lugar de convertirse en una amenaza para él.

Para hacerlo, necesitamos reconocer con claridad qué llevamos con nosotros.

Nuestras heridas no examinadas pueden moldear nuestras relaciones e influir en los acuerdos que establecemos. También pueden condicionar nuestra respuesta cuando alguien observa el mundo desde una perspectiva diferente de la nuestra.

Por eso, esta transición no consiste solamente en cambiar estructuras externas. También exige revisar aquello que llevamos dentro de esas estructuras.

Nuestras historias individuales continúan desplegándose dentro de una historia mucho mayor. A medida que nos acercamos a 2030, los ciclos personales comienzan a encontrarse de una manera particular con el gran Ciclo Global. La humanidad atraviesa un umbral colectivo mientras cada uno de nosotros cruza, a su vez, sus propios umbrales dentro de él.

Podemos comenzar a observar cómo nuestras experiencias han transformado la manera en que nos comprendemos a nosotros mismos, cómo han modificado nuestros valores y qué aspectos de nuestra identidad ya no pueden continuar sosteniéndose de la misma manera.

La transición que comienza contiene un Gran Cambio: un movimiento evolutivo en la conciencia humana.

No es un acontecimiento instantáneo. Es el comienzo de un largo pasaje evolutivo.

Y ya lo estamos viviendo.

Tal vez no podamos elegir todos los cambios que ocurrirán, pero sí podemos elegir con cuánta conciencia atravesamos este momento y con cuánta intención participamos en aquello que comienza a nacer.

Mientras avanzamos hacia 2030, podemos volvernos más conscientes de lo que estamos llevando con nosotros hacia el nuevo ciclo. Podemos examinar los antiguos acuerdos y sanar las heridas que todavía influyen en nuestras decisiones. Podemos también crear relaciones capaces de permitirnos ser plenamente nosotros mismos sin perder la conexión con los demás.

Nuestros ciclos personales pueden ayudarnos a comprender de qué manera la vida nos ha preparado para este momento.

Cuando observamos los umbrales que ya hemos atravesado, podemos reconocer cómo cada etapa nos transformó, qué dejó atrás y qué despertó dentro de nosotros.

Y entonces comienza a surgir otra pregunta.

No solamente hacia dónde está avanzando la humanidad, sino qué nos está pidiendo la vida que encarnemos ahora.

Porque quizá 2030 no sea, en esencia, una fecha.

Quizá sea una puerta.

Y la pregunta verdadera es:

¿Estás listo para comprender la historia más grande que se está desplegando a través de tu propia vida?

Bendiciones de luz y claridad para todos! 💗
Juan A. Moliterni

Esta entrada tiene un comentario

  1. Rosario

    Bendiciones 🙏

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